CÓMO TE RELACIONAS HOY TIENE HISTORIA: ESTRATEGIAS DE APEGO

Apego

Si alguna vez te has preguntado por qué te relacionas de la forma en que lo haces, o qué explica la manera en que se relacionan las personas de tu entorno, es muy probable que la respuesta esté en el apego emocional.

¿Qué es?

El apego emocional es ese vínculo afectivo que construimos con otras personas, especialmente en relaciones cercanas. Es la necesidad natural de sentirnos acompañados, sostenidos y emocionalmente conectados. Gracias a ese vínculo, podemos sentirnos seguros, valorados y en calma con el otro.

¿Y de dónde viene?

Este estilo de apego no aparece de la nada: empieza a formarse en la infancia, a través de la relación con nuestras figuras cuidadoras. La forma en que respondieron, o no, a nuestras emociones y necesidades deja una huella que influye en cómo nos relacionamos hoy.

Cuando hablamos de apego, muchas veces se mencionan tipos. Sin embargo, voy a hacer referencia a las estrategias de apego, siguiendo el enfoque de Arun Mansukhani, que nos invita a entender el apego no como una etiqueta fija, sino como formas de adaptación que desarrollamos para regular nuestras emociones y nuestras relaciones.

Desde esta mirada, no se trata tanto de encasillarnos, sino de comprender qué hacemos y por qué cuando sentimos inseguridad, necesidad o miedo en el vínculo con los demás.

Más que hablar solo de tipos, él pone mucho el foco en las estrategias de regulación del apego. Es decir, en lo que hacemos, a veces sin darnos cuenta, para gestionar el vínculo y el malestar.

¿Cuál es mi estrategia de apego?

Estrategia segura

La persona puede acercarse al otro cuando lo necesita y también mantener su autonomía.

Hay confianza en el vínculo y capacidad para regularse emocionalmente.

El apego seguro se desarrolla cuando, en la infancia, hubo una presencia suficientemente estable y disponible. No hacía falta hacer nada especial para recibir atención o cariño. Esto permite crecer con una base de confianza en uno mismo, en los demás y en las relaciones.

Estrategia hiperactivante (ansioso-ambivalente)

Se intensifica la emoción y la búsqueda del otro para asegurar su presencia.

Hay miedo a la pérdida o al abandono, y una tendencia a hacer más para sentirse querido.

Este tipo de apego suele aparecer cuando, de pequeños, aprendimos que para ser vistos o queridos teníamos que esforzarnos mucho, cuidar a otros, destacar… o incluso provocar reacciones. En el fondo, queda una sensación de que la indiferencia duele más que cualquier otra cosa. De adultos, esto puede traducirse en una gran necesidad de atención, miedo al abandono o una búsqueda constante de validación.

Estrategia hipoactivante (evitativo)

Se minimizan o se desconectan las emociones y las necesidades de apego. La persona toma distancia para no sentir dolor o rechazo, se dice a sí misma que no necesita a nadie, aunque no sea así, reprime sus necesidades emocionales y se autorregula en soledad.

Aquí, la estrategia fue distinta: desconectar. Son personas que aprendieron que sentir podía doler o que no había espacio para sus emociones. Quizá fueron niños que "no daban problemas" y, de adultos, tienden a mantener distancia emocional, les cuesta abrirse y suelen necesitar mucho espacio para sentirse seguros.

Estrategia desorganizada

En este caso se produce una contradicción interna: por un lado, quieren acercarse; por otro, sienten miedo.

Suele aparecer cuando la figura de apego en la infancia fue amenazante o peligrosa. Se vincula a experiencias más difíciles, donde las figuras de cuidado también generaban miedo, por ejemplo, en contextos de trauma o abuso. Esto puede dar lugar a una mezcla de acercamiento y rechazo en las relaciones, generando mucha confusión interna.

Un aspecto clave en el enfoque de Mansukhani es que estas estrategias no son defectos, sino adaptaciones inteligentes del sistema nervioso para sobrevivir emocionalmente. El apego está estrechamente relacionado con los sistemas de regulación emocional, tanto de hiperactivación como de hipoactivación.

Ahora bien, el apego no es dependencia emocional. Buscar cercanía, cariño y apoyo es sano. En cambio, la dependencia aparece cuando el otro se vuelve imprescindible para sostener nuestro equilibrio emocional y sentimos que, sin esa persona, nos perdemos.

A veces sentimos que nuestras formas de relacionarnos vienen marcadas desde la infancia. Es cierto que el estilo de apego que desarrollamos influye en cómo vivimos hoy nuestras relaciones, pero no es una sentencia ni un destino inamovible.

Lo importante es observar qué dificultades aparecen en nuestras relaciones (miedo al compromiso, dependencia emocional, relaciones inestables…), poder mirar hacia dentro, reconocer nuestras carencias, comprender cómo nos vinculamos y nos regulamos emocionalmente, cómo comunicamos nuestras necesidades o establecemos límites y empezar a hacer pequeños cambios. Cuando tomamos conciencia de nuestro estilo de apego y trabajamos en él, se abre la posibilidad de construir relaciones más sanas, más conscientes y, sobre todo, más satisfactorias.

Si te resuena todo esto, quizá podrías preguntarte con calma:

  • ¿Qué haces cuando sientes que puedes perder a alguien importante?
  • ¿Cómo sueles reaccionar cuando te sientes inseguro o insegura en una relación?
  • ¿Qué necesitas realmente en esos momentos?