HERIDAS QUE SIGUEN VIVAS: COMPRENDIENDO EL TRAUMA.
- Qué es el trauma y cómo afecta al cerebro y al cuerpo.
- por qué algunas experiencias traumáticas se reviven en el presente.
- Cómo la terapia puede ayudar a procesar e integrar el trauma de forma segura.
La palabra trauma ha ganado protagonismo en las conversaciones sobre salud mental. Sin embargo, no siempre se comprende en profundidad qué significa realmente ni cómo afecta a nuestra vida.
¿Qué es el trauma?
Desde enfoques terapéuticos como el EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), desarrollado por Francine Shapiro, el trauma no se define tanto por lo que ocurrió, sino por cómo esa experiencia quedó almacenada en nuestro sistema. Es decir, no es solo el evento en sí, sino la forma en que nuestro cerebro y nuestro cuerpo pudieron, o no, procesarlo.
Cuando una experiencia resulta demasiado intensa, inesperada o abrumadora, nuestro sistema nervioso puede no ser capaz de integrarla de forma adaptativa. En lugar de quedar como un recuerdo del pasado, la experiencia permanece congelada, con las mismas emociones, sensaciones y creencias que se activaron en ese momento.
Por eso, el trauma no se recuerda, se revive.
Cuando el trauma queda en el cuerpo
Autores como Bessel van der Kolk han señalado cómo el trauma queda registrado en el cuerpo, generando respuestas automáticas que muchas veces escapan al control consciente. Peter Levine, desde la terapia somática, explica que el problema no es solo el evento, sino la activación fisiológica que no pudo completarse y queda atrapada en el organismo. Desde esta mirada, tiene sentido que muchas personas digan: “sé que no es para tanto, pero no puedo evitar sentirme así”. Y es que el trauma no funciona a nivel racional, sino a un nivel más profundo, donde el cuerpo y el sistema nervioso tienen un papel central.
¿Cómo abordar el trauma?
El modelo de EMDR propone que todos tenemos un sistema natural de procesamiento de la información que, en condiciones normales, permite integrar las experiencias. Sin embargo, cuando este sistema se bloquea, los recuerdos quedan almacenados de forma disfuncional, aislados del resto de la red de memoria.
Esto explica por qué ciertas situaciones del presente pueden activar reacciones desproporcionadas, no estamos reaccionando solo a lo que ocurre ahora, sino también a lo que quedó sin resolver en el pasado.
En este sentido, muchas dificultades actuales como ansiedad, bloqueos, patrones repetitivos en las relaciones, etc, pueden entenderse como intentos del sistema de adaptarse a experiencias que en su momento no pudieron ser procesadas.
Lejos de ser un fallo, el trauma es, en origen, una respuesta de supervivencia.
El trabajo terapéutico no consiste en revivir el dolor sin más, sino en crear las condiciones para que esa experiencia pueda ser procesada de forma diferente. Pero más allá de la técnica, hay algo fundamental: la seguridad, sin una base de regulación y recursos, acercarse al trauma puede resultar desbordante. Por eso, el proceso terapéutico implica también desarrollar la capacidad de sostener lo que aparece, poco a poco, sin forzar.
Cuando el trauma se procesa, no desaparece la memoria de lo ocurrido, pero sí cambia la forma en que está almacenada. La experiencia deja de sentirse como una amenaza presente y pasa a integrarse como parte de la historia.
La persona puede entonces recordar sin revivir, comprender sin desbordarse y, en muchos casos, empezar a relacionarse consigo misma y con los demás desde un lugar más libre.
Quizá una forma sencilla de empezar a mirarlo es esta:
¿Hay situaciones en tu vida actual que activan en ti emociones que parecen más grandes que el momento presente?
A veces, esa intensidad no habla solo de lo que está pasando ahora, sino de algo que, en algún momento, no pudo ser acompañado como necesitaba.